Mercado
Una nueva generación redescubre las antigüedades
Millennials y generación Z están cambiando el perfil del comprador de antigüedades: menos interesados en la pieza por su edad y más en su historia, su sostenibilidad y su capacidad de definir un estilo propio.

Foto: Pjrsoap / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0
El comprador típico de antigüedades ya no responde al retrato tradicional. En los últimos años, compradores millennials y de la generación Z se han incorporado de forma notable al mercado de antigüedades y objetos vintage, con un comportamiento que rompe con la lógica de la herencia familiar: en lugar de recibir piezas por transmisión generacional, las buscan activamente en tiendas de segunda mano, mercadillos, centros de antigüedades y plataformas online especializadas como Etsy o Chairish.
Este nuevo público no compra antigüedades porque sean antiguas, sino porque encajan con una estética, un estilo de vida o una identidad personal. Por eso muestra predilección selectiva: el mobiliario de gran formato de estilo victoriano genera menos interés, mientras que las piezas de diseño de mediados de siglo, la iluminación retro, el cristal artístico y los textiles vintage se han convertido en objetos de deseo. Las redes sociales —especialmente Instagram y TikTok— desempeñan un papel decisivo en este redescubrimiento, con creadores que documentan hallazgos de "thrifting" y proyectos de restauración casera que despiertan el interés de sus seguidores por el mercado de segunda mano.
La sostenibilidad es una motivación explícita y recurrente entre estos compradores. Adquirir una pieza ya existente se entiende como una forma de alejarse del mueble desechable y de alinear las decisiones de compra con valores medioambientales; según un estudio de la plataforma de reventa Chairish, una parte significativa de los compradores millennial considera que el mercado de segunda mano desempeña un papel importante en el futuro de la sostenibilidad del sector del hogar. A esto se suma, para algunos compradores, una lectura financiera: ciertas piezas vintage se perciben también como un activo capaz de revalorizarse con el tiempo, no solo como un objeto decorativo.
Las propias casas de subastas y comercios especializados han empezado a adaptarse a este cambio generacional, ampliando su presencia digital y organizando actividades pensadas para atraer a compradores más jóvenes. El resultado es un mercado de antigüedades que, sin renunciar a su público tradicional, se abre a una nueva sensibilidad: menos protocolaria, más visual, y profundamente marcada por la búsqueda de autenticidad frente a la producción en serie.
Actualizado el 13 de julio de 2026 · Fuente: Antique Trader